Tomar conciencia


Nuestra cultura parece que esta absorta ante los avances de la ciencia y de la tecnología, pero estamos ignorando una idea fundamental, la idea de que la conciencia está en la base de toda experiencia humana, y que las cualidades que cultivamos en la mente y el corazón influyen poderosamente en nuestro bienestar físico y psicológico. Tomar conciencia de nuestra vida, de nuestro interior, de lo que pensamos y de lo que sentimos, nos transforma. Nos empeñamos en anular el poder que cada uno tiene o puede llegar a tener en sus vidas. El desarrollar nuevas capacidades que nos lleven a poder percibir, actuar, pensar y sentir de otra manera no solo propicia una mejor salud y una mayor felicidad, sino que además como demuestran estudios actuales pueden incluso modificar nuestra fisiología y nuestra neurología. Por lo que es necesario indagar en un estudio hacia el interior de cada uno de nosotros.

Buena reflexión:


«La gran mayoría creemos que estamos aquí para mejorar el mundo o cambiarlo. Sin embargo, descubrí que yo no había nacido para cambiar nada, sino para aprender a amarlo todo». Sergi Torres

La imagen que tenemos de nosotros…


La imagen que tenemos de nosotros esta tejida por pensamientos de lo que creemos ser, no de lo que realmente yo «soy». Por alguna razón creemos que el auto-flagelarnos, el sentirnos culpables o el hacer sentir culpables a los demás de lo que nos pasa, es más efectivo que el ser amable, comprensivo o compasivo con uno mismo. Cuando nos aceptamos completamente, siendo tal cual uno es, con sus debilidades, sus defectos, teniendo compasión, amabilidad, amor, aunque no seamos perfectos, aunque fallemos o nos equivoquemos, permitiendo que las cosas salgan como salen no como uno quiere que salgan, quizás viviríamos mejor nuestras vidas. «La curiosa paradoja es que cuando me acepto tal cual soy, entonces puedo cambiar». Cada instante que vivimos es completo, tiene textura y está vivo.

Todos nuestros pensamientos y emociones son irrelevantes…


«Todos nuestros pensamientos y emociones son irrelevantes pero debido a que son propios los convertimos en el centro de nuestra vida dotándolos de una importancia y un poder que llegan a parecernos más poderosos que nosotros mismos. Que nuestros pensamientos y emociones carezcan de relevancia no significa que deban ser menospreciados. Justo lo contrario: merecen todo nuestro respeto, aceptación y comprensión». Sergi Torres

Muchos de nuestros esquemas mentales de los cuales no somos conscientes…


Muchos de nuestros esquemas mentales de los cuales no somos conscientes, afectan de una manera profunda a nuestra percepción de la realidad, ya no tiene sentido aislar o independizar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos de lo que ocurre en nuestro cuerpo. … Si queremos obtener distintas respuestas, hay que hacer distintas preguntas y sino tendremos las mismas respuestas de siempre… Una de las maneras más efectivas de obtener cambios en la conducta, es conocer las consecuencias de no hacerlos.

El miedo


Todos sabemos que el miedo resulta útil al ser humano sólo como defensa ante un peligro real. Sin embargo, cuando se origina por causas irracionales y es experimentado sin necesidad, no tiene más objeto que el de hacernos daño. Las emociones que más vergüenza nos da expresar son el miedo y la tristeza, que cuando no se expresan son trasmutadas en resentimiento, que es el origen de gran parte de nuestra ira. Muchas veces esa tristeza es por sentirnos solos y ese miedo es a no ser queridos. Cuando nos permitimos la expresión de la tristeza y el miedo viene la aceptación, y tras ella surge una emoción que brilla más que el sol y no es otra que la alegría. Dice un proverbio sufí: » El miedo llamó a la puerta, abrió la confianza y cuando abrió ya no había nadie».

¿Cómo nos hablamos?


No sé si conocéis los estudios del profesor japonés Masaru Emoto. Estas dos fotografías son parte de su estudio donde ha puesto de manifiesto cómo la manera de hablar a simples recipientes con agua afecta a la forma que adquieren los cristales cuando está se congela. ¿Si un gran porcentaje de nuestro cuerpo es agua? Resulta inquietante «pensar» si esa manera o las formas tan duras en la que muchas veces nos tratamos y nos hablamos a nosotros mismos puedan estar afectando a nuestro cuerpo. No deja de ser como mínimo revelador, creo que ya no tiene mucho sentido aislar o independizar nuestros pensamientos y nuestros sentimientos de lo que ocurre en nuestro cuerpo. Empecemos por tratarnos mejor de lo que solemos hacerlo y quizás obtengamos mejores resultados, a ver si nos damos cuenta que ninguno de nosotros saldrá de aquí con vida, así que por favor deja de tratarte mal hasta con los pensamientos. Como dijo Buda: «Aferrarse a la ira o guardar rencor es como beber veneno y esperar que la otra persona muera»

Solo cuando estás bien contigo puedes estar bien con los demás


Solo cuando estás bien contigo puedes estar bien con los demás. Solo cuando manejas tu soledad puedes manejar una relación. Necesitas valorarte para valorar, amarte para amar, respetarte para respetar, y aceptarte para aceptar, ya que nadie da lo que no tiene dentro de sí. Pretender que otra persona nos haga felices y llene todas nuestras expectativas es una fantasía que sólo trae frustración.

Que importante es recordar que, desde mi momento presente, no puedo condenar…


Que importante es recordar que, desde mi momento presente, no puedo condenar a quien fui en el pasado por la sencilla razón de que aquella a quien ahora juzgo y repruebo es otra persona. Actuamos siempre conforme a la sabiduría que tenemos en cada momento, y si actuamos mal, al menos en ese punto había ignorancia. Es absurdo condenar la ignorancia pasada desde la sabiduría presente.

Aceptar la vida


Solo sufrimos porque pensamos que las cosas «deberían» ser de otra manera. En cuanto abandonamos esta pretensión, dejamos de sufrir. En cuanto dejamos de imponer nuestros esquemas de la realidad, la realidad deja de presentarse adversa o propensa y comienza a manifestarse tal cual es, sin ese patrón valorativo que nos impide acceder a ella. La regla general que se puede aplicar a todo en nuestra vida es la siguiente: «Si no aceptas que existe la posibilidad de cometer errores, no vas a conseguir progresar demasiado», M. Wilkins.