Vivimos sumergido en esa búsqueda continua de la felicidad, sin darnos cuenta que al hacerlo dejamos de apreciar lo que tenemos, creyendo que estaríamos mejor o seríamos más felices si nos pasase tal o cual cosa.

Si me permiten les voy a contar una sencilla parábola en la que a través del “café”, se nos brinda una nueva perspectiva de la vida.

Un grupo de profesionales, todos triunfadores en sus respectivas carreras, se juntó para visitar a su antiguo profesor. Pronto en plena charla surgieron las quejas acerca del interminable estrés que les producía el trabajo y la vida en general.

El profesor les ofreció café, fue a la cocina y pronto regresó con una cafetera grande y una gran colección de tazas de porcelana, plástico, vidrio, cristal… Unas sencillas y baratas, otras decoradas, con grandes detalles y otras muy caras.

El profesor les dijo tranquilamente que escogieran una taza y se sirvieran un poco del café recién preparado.

El viejo maestro se aclaró la garganta y con mucha calma y paciencia se dirigió al grupo: – Se habrán dado cuenta, de que todas las tazas, las más bonitas fueron las primeras que se terminaron, quedando las más sencillas, las más feas y las de menos calidad; lo que es natural, ya que cada uno elige lo mejor para sí mismo. Ésa es realmente la causa de muchos de sus problemas relativos al estrés. Les aseguro que la taza no le añadió calidad al café. En verdad, la taza solamente disfraza o reviste lo que bebemos. Lo que ustedes querían era el café, no la taza, pero instintivamente buscaron las mejores. Después se pusieron a mirar las tazas de los demás.

“Ahora piensen en esto: La vida es el café. El trabajo, el dinero, la posición social, etc.…tan sólo son las tazas, que le dan forma y soporte a la vida. El tipo de taza que tengamos no define ni cambia realmente la calidad de vida que llevamos. A menudo, por concentrarnos sólo en la taza dejamos de disfrutar el café”.

Como diría Oscar Wilde, “Vivir es la cosa más rara del mundo. La mayoría de la gente simplemente existe».

¡Así, que no dejen de disfrutar de su café, yo seguiré disfrutando del mío!

Besos y Abrazos

Montse Parejo
Psico-Oncóloga

3 comentarios
  1. JOSE PECCI
    JOSE PECCI Dice:

    Magnífico y original ejemplo. Antendiendo al simil del café, añadiría que aún se saborea más sin aditivos, como el azúcar o la sacarina…
    Si aquí la vida es el café, degustemoslá con todo su sabor original.
    Gracias Montse por tus regalos en forma de reflexiónes.

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