Relatos

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Buda había estado caminando durante cuarenta años con una luz y miles le habían seguido. Ahora se estaba muriendo. Un día por la mañana dijo: – «Éste es mi último día. Si tenéis algo que preguntar, preguntad «. El momento había llegado, ahora seguiría su propio camino. Una infinita oscuridad rodeó a los que allí estaban. Ananda, el principal discípulo de Buda, empezó a llorar como un niño, casi enloquecido. Buda le dijo: – «¿Qué haces Ananda?» Éste le dijo: – «¿Qué vamos a hacer ahora? Estabas aquí, seguíamos tu luz. Estábamos a salvo, nos sentíamos seguros y habíamos olvidado por completo que existía la oscuridad. Siguiéndote, todo estaba claro. Cuarenta años y ahora nos dejas en una oscuridad completa. ¡No nos dejes en la oscuridad! ¿Qué sucederá cuando te hayas ido? Estaremos perdidos para siempre». Y empezó a sollozar […]

Un discípulo no terminaba de comprender. Cada vez que tenía una contrariedad se desesperaba, se abatía o incluso se hundía en el mayor desánimo. Sin embargo, su maestro, imperturbable, siempre le decía: – ¡Está bien, está bien! El discípulo se preguntaba si al maestro nunca le sucedía nada desagradable o nunca padecía ninguna contrariedad, pues decía con ánimo sosegado: ¡Está bien, está bien! Intrigado, el discípulo le preguntó un día: – Pero ¿es que nunca te enfrentas a situaciones que no pueden ser resueltas? No comprendo por qué siempre dices “está bien, está bien”, como si nada adverso te ocurriese nunca. El maestro sonrió y dijo: – Sí, sí, todo está bien. – Pero ¿por qué?, preguntó soliviantado el discípulo. – Porque no puedo solucionar una situación en el exterior, la resuelvo dentro de mí, cambiando mi actitud. Ningún ser […]

Este cuento está inspirado en una historia del libro “El arte de combinar el SI con el NO”, de Ricardo Bulmez. Lola, experta antropóloga, invitó a su amigo Juan a una excursión para ver a los gorilas. Una vez que los dos estaban montaña adentro, Lola iba vigilante y pendiente de sus prismáticos listos para divisar a cualquier gorila. Pero el amigo iba mirando nerviosamente para todas partes y sobre todo al suelo. ¡Lola! – grito Juan, ¿aquí hay culebras? No, no hay, respondió Lola con mucha firmeza. Pero el inexperto Juan continuó nervioso, temía la aparición de alguna serpiente. Sorprendido ante algo que pisaba y se movía, gritó despavorido: “¡Lola una culebra!” ¡Eso no es una culebra, eso es una rama! Dijo Lola sin dejar un momento de estar atenta. Pero el aficionado Juan sumamente asustado y sudando de […]