Todo tiene consecuencia

Suscribo las palabras de Jane Goodall (85 años), zoóloga, antropóloga, primatóloga, etóloga y mensajera de la paz de la ONU.

“¿No es raro que la criatura más inteligente que ha caminado sobre la faz de la tierra esté destruyendo su único hogar?

Tenemos intelecto, pero en realidad, no somos tan inteligentes.

Hemos perdido la sabiduría. Tomamos decisiones basándonos en:
¿Cómo me ayuda esto a mí, a mi familia, ahora, en la próxima junta de accionista, en mi siguiente campaña política?

Y no pensamos en cómo nuestras decisiones afectarán a las generaciones futuras.

Me parece que hay una desconexión entre nuestro cerebro, “ese”, que creemos tan listo, con el amor, la compasión, el corazón humano.

Estoy convencida de que solo podemos alcanzar nuestro potencial humano cuando la cabeza y el corazón estén en armonía”.

Sería bueno dejar de querer tener razón y querer ser más felices. Desear la felicidad de los demás con independencia de su religión, sus ideales políticos, su orientación sexual, su etnia, su color, … sería una señal maravillosa que nos hablaría de que nuestra sociedad empieza a sanar.

El gran antídoto para nuestro mundo está en el “Amor”.

Besos y Abrazos

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