Re conociéndome

Tiempo atrás comprendí que nada es para siempre, que las cosas se acaban, aunque no quieras.
Nos cuesta comprender algunas cosas y quizás sea porque nos pasamos mucho tiempo pensando situaciones del pasado que nos hacen daño. Nos daña el seguir creyendo que necesitamos a esa persona que fue importante en tu vida pero que día a día, la vida te hace ver que ya no está. Nos cuesta creer que solo vino a traernos un aprendizaje, pero en ocasiones nos enfrentamos a un aprendizaje brutal, de esos que mueven tus cimientos, que azota como un sunami tú integridad. Cuesta creer que en este aprendizaje que viene acompañado de tanto dolor, esté un gran descubrimiento que nos lleva si o si, a nuestro epicentro, a nuestro Ser. Bendito aprendizaje, aun siendo tan doloroso.

Quizás muchas veces el error podría estar en creer que, aun habiendo aceptado la lección aprendida, sientes que podrías seguir con esa relación y el tiempo te hace ver que esa persona ya no está. Y ahí vuelves a enredarte, porque sigues sin entender, ¿porque no querrá volver, se acordará de ti tal como lo haces tú? Desgraciadamente no tenemos respuesta para esta pregunta y la razón es obvia. No puedes entender lo que no parte de tu Ser (porque la respuesta que buscas solo la tiene la otra persona y nosotros nos enredamos en buscarla con nuestros valores, nuestros mapas, nuestras creencias. Cada uno de nosotros tiene sus miedos, sus inseguridades, sus creencias, sus programas inconscientes.

Cuando nos detenemos y vemos desde donde “yo” lo hago (es decir, ¿desde donde formuló esa pregunta?). Podremos ver nuestra inocencia, nuestro niñ@ que pide a gritos no ser abandonad@, como tantas y tantas veces se sintió. Este dolor que sentimos nos permite ver cuanto dolor hemos almacenado. Quizás sea un buen momento para poder acoger a tu niñ@, que lo consueles y lo trates como una madre sostiene en brazos a su bebé que llora. Calmándolo con todo su amor.
Aprender a tratarnos desde el amor más profundo, ese amor hacia uno mismo, tan necesario y tan olvidado en tantas ocasiones.
Puede ser que estemos ante una herida dolorosa que, aun viéndola, acogiéndola, siga doliendo con menos intensidad que antes, pero siga estando ahí. Y en ese momento ¿qué debo hacer?

Me “Perdono”, porque gracias a esa herida que sigue doliendo nos hace ver que tenemos que seguir amándonos, ya que este trabajo de amarse es de por vida, día a día. A veces se nos olvida y la vida te vuelve a decir, que ¡ahí estas! El ser más importante que existe en tu vida, eres “tú”. No te olvides nunca de ti, a veces la vida nos duele para que nos hagamos consciente de nosotros y empecemos a acogernos con todo el amor que uno necesita y que muchas veces, sólo tú te puedes dar.

Ojalá la niña que llevo dentro nunca se sienta decepcionada de la adulta en la que me he convertido.
Besos y abrazos

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