Hu-Ssong, propuso a sus discípulos el siguiente relato:
“Un hombre iba por un camino y tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo. Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con las que iba tropezando las fue cargando, hasta que aquel peso se volvió tan insoportable que el hombre ya no pudo caminar”
– ¿Qué piensan ustedes de este hombre?, les preguntó el maestro.
– “Qué es un necio”, respondió uno de los discípulos. “¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?”
Dijo Hu-Ssong:
– “Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos. Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro”.

Reflexión:
Algunas personas van por la vida mostrando el tamaño y la forma de las piedras que les ha tocado cargar sobre sus espaldas y hay otros que aunque nunca se quejan, en sus miradas reflejan el peso que llevan encima. Esta es una forma de ir por la vida que nos suena conocida, cargar con todos los problemas que se nos presentan en la vida como si lleváramos un estigma y temiendo por las piedras que nos encontraremos, y de esta forma vamos llenando nuestra mochila, sin ser consciente del que peso que hemos decidido cargar.
Sería bueno darnos cuenta que no sirve de nada seguir cargando con el peso de nuestro pasado pues lo único que conseguimos con ello es no lograr avanzar y no nos damos cuenta de que al llevar toda esa carga, nos impide disfrutar de nuestro presente y de lo que la vida nos tenga preparado.
Cuando estamos atravesando un camino duro, angosto, lo primero que solemos hacer es quejarnos, maldecir a la vida y maldecirnos a nosotros mismos de nuestra mala suerte por no haber cogido el camino adecuado, o porque no nos merecemos esto que nos está pasando. No vemos que con esta actitud estamos continuamente rechazando o despreciando nuestra vida, porque está no viene como uno esperaba o desearía.
Que difícil nos resulta aceptar, aceptar que las cosas son como son y no como uno querría que fueran. Aceptar no es fácil pero vivir como vivimos tampoco ayuda mucho. Hace poco escuche una frase que decía: “La vida tiene sentido propio, lo que no tiene sentido es la forma en la que la vivimos”. Es en esos momentos cuando más compasivos debemos ser con nosotros mismos. No podemos evitar que la vida nos venga con dolor, tristeza, decepción, amargura,…,porque todo esto forma parte de la vida. Introducir la “amabilidad” hacia nosotros es algo que podríamos aprender a hacer. No somos conscientes de los mensajes que continuamente nos estamos dando, ¿cual es el diálogo que mantenemos con nosotros mismos?, rara vez nos hablamos en positivo, sin darnos cuenta del flaco favor que nos estamos haciendo. No olvides ser amable contigo, sobre todo cuando no estés pasando por un buen momento.

Montse Parejo
Psico-Oncóloga
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