Un discípulo no terminaba de comprender. Cada vez que tenía una contrariedad se desesperaba, se abatía o incluso se hundía en el mayor desánimo. Sin embargo, su maestro, imperturbable, siempre le decía:
– ¡Está bien, está bien!
El discípulo se preguntaba si al maestro nunca le sucedía nada desagradable o nunca padecía ninguna contrariedad, pues decía con ánimo sosegado: ¡Está bien, está bien!
Intrigado, el discípulo le preguntó un día: – Pero ¿es que nunca te enfrentas a situaciones que no pueden ser resueltas? No comprendo por qué siempre dices “está bien, está bien”, como si nada adverso te ocurriese nunca.
El maestro sonrió y dijo: – Sí, sí, todo está bien.
– Pero ¿por qué?, preguntó soliviantado el discípulo.
– Porque no puedo solucionar una situación en el exterior, la resuelvo dentro de mí, cambiando mi actitud. Ningún ser humano puede controlar todas las circunstancias y eventos de la vida, pero si puede aprender a controlar su actitud ante ellos. Por eso, todo está bien, todo está bien.

Reflexión
Cuando no se puede modificar una situación en el exterior, hay que cambiar la actitud interior para no añadir sufrimiento al sufrimiento, tensión a la tensión. Se puede aprender a regular los comportamientos internos y externos, incluso modificar los modelos mentales que añaden conflicto al conflicto y desdicha a la desdicha. Dentro de cada uno de nosotros hay un “crítico” capaz de decirse cosas negativas y mezquinas en tono hostil. Pero también hay un “apaciguador”, una parte compasiva que posee la capacidad de calmarnos con comentarios de aceptación en todo amable y compasivo. La compasión hacía uno mismo es un regalo al alcance de todo el que esté dispuesto a descubrirla. Cuando desarrollamos el hábito de la bondad interior, el sufrimiento se convierte en una oportunidad para experimentar el amor y ternura hacia nosotros mismos. No importa lo difícil que se pongan las cosas, siempre podemos rodear a nuestro “yo” maltrecho con un tierno abrazo. Podemos calmar y consolar nuestro propio dolor, igual que un niño se consuela y se calma en brazos de su madre. No tenemos que esperar a ser perfectos ni a que la vida transcurra exactamente como queremos para poder sentirnos bien con nosotros mismos. No es necesario tener que encontrar fuera de nosotros a otra persona que nos brinden la aceptación y la seguridad que todos anhelamos. Está seguridad y aceptación debes aprender a dártela tú mismo. No te olvides que uno mismo es la única persona que se conoce de verdad, el que mejor sabe lo que necesita y es la única persona que está disponible las 24 horas del día para proporcionarte comprensión, atención y cariño.

Besos y Abrazos

Montse Parejo
Psico-Oncóloga

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *