El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las adversidades?

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.
A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: «Querida, ¿qué ves?». «Zanahorias, huevos y café», fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.
Humildemente la hija preguntó: «¿Qué significa esto, padre?». Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.
El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.
«¿Cual eres tú?», le preguntó a su hija. «Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?»

Y hoy te lo pregunto yo a ti… ¿Cómo eres tú, mi querido amigo?
– ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza?
– ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
– ¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviendo, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor y aroma.

Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen feas… ¡tú puedes reaccionar mejor!, si miramos en nuestro interior podemos encontrar algo nuevo, algo mejor, algo mágico que nos anime a levantarnos todos los días. No dejándonos vencer por las circunstancias y de esta manera hacer que las cosas a tu alrededor mejoren o puedan mejorar.
Encontrar una salida a los problemas es más fácil si empezamos por aceptar los hechos en vez de negarlos.

¿Cómo manejas la adversidad?
¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo…

Montse Parejo
Psico-Oncóloga

Desgraciadamente estamos en tiempos difíciles, por culpa sobre todo de la dichosa crisis que de una manera u otra nos esta afectando a todos, así que yo este año me conformo con ver vuestras caras más alegres y vuestras sonrisas más permanentes. Por pedir, os pediria esas cosas que no cuestan dinero pero que poseen mucho valor como es una palabra amable, un abrazo cordial y un beso cariñoso. A todos vosotros os deseo un Feliz 2011.

Para comenzar este nuevo año, me gustaría compartir el relato de Pepe, quizás algunos ya lo conozcan, para aquellos que no hayan oído hablar de esta historia, deciros  que:
Pepe, era el tipo de persona que te encantaría ser. Siempre estaba de buen humor y siempre tenía algo positivo que decir. Cuando alguien le preguntaba como le iba, el respondía: “Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”.

Había tenido varios destinos y varios de sus colaboradores le habían seguido en todos ellos. La razón de que le seguirán era por su actitud: era un motivador natural.
Si un empleado tenía un mal día, Pepe estaba ahí para decirle al empleado cómo ver el lado positivo de la situación.
Ver este estilo realmente me causó curiosidad, así que un día fui a buscar a Pepe y le pregunté:
          No lo entiendo, no es posible ser una persona positiva todo el tiempo ¿cómo lo haces?
 Pepe respondió:
          Cada mañana me despierto y me digo a mí mismo: “Pepe, tienes dos opciones hoy: puedes estar de buen humor o puedes escoger estar de mal humor; escojo estar de buen humor”. Cada vez que sucede algo malo, puedo escoger entre ser una víctima o aprender de ello, escojo aprender de ello. Cada vez que alguien viene a mí para quejarse, puedo aceptar su queja o puedo señalarle el lado positivo de la vida, yo escojo señalarle el lado positivo de la vida.
          Sí, claro, pero no es tan fácil, protesté.
          Sí lo es, dijo Pepe. Todo en la vida es acerca de elecciones. Cuando quitas todo lo demás, cada situación es una elección. Tú eliges cómo reaccionas ante cada situación, tú eliges cómo la gente afectará a tú estado de ánimo, tú eliges estar de buen humor o del mal humor.
    EN RESUMEN, TÚ ELIGES COMO VIVIR LA VIDA.
Reflexione en lo que Pepe me dijo.
Poco tiempo después, por cuestiones de residencia, perdimos contacto, pero con frecuencia pensaba en Pepe, cuando tenía que hacer una elección en la vida en vez de reaccionar o actuar contra ella.
Varios años más tarde, me enteré que Pepe hizo algo que nunca debe hacerse en un negocio, dejó la puerta de atrás abierta y una mañana fue asaltado por tres ladrones armados.
Mientras trataba de abrir la caja fuerte, su mano, temblando por el nerviosismo, resbaló de la combinación. Los asaltantes sintieron pánico y le dispararon.
Con mucha suerte, Pepe fue encontrado relativamente pronto y llevado de emergencia a una clínica. Después de ocho horas de cirugía y semanas de terapia intensiva, Pepe fue dado de alta, aún con fragmentos de bala en su cuerpo.
Me encontré con Pepe seis meses después del accidente y cuando le pregunté como estaba, me respondió:
“Si pudiera estar mejor, tendría un gemelo”
Le pregunté que paso por su mente en el momento del asalto. Contestó:
          Lo primero que vino a mí mente fue que debí haber cerrado la puerta de atrás. Cuando estaba tirado en el piso, recordé que tenía dos opciones: podía elegir vivir o podía elegir morir, elegí vivir.
          ¿No sentiste miedo?, le pregunté.
Pepe continuó:
          “Los médicos fueron geniales. No dejaban de decirme que iba a estar bien. Pero cuando me llevaron al quirófano y, vi las expresiones en las caras de los médicos y las enfermeras, realmente me asuste. Podía leer en sus ojos: “el hombre muerto”. Supe entonces que debía tomar una decisión”.
          ¿Qué hiciste? Pregunté.
Pepe me dijo:
          “Bueno, uno de los médicos me pregunto si era alérgico a algo, y respirando profundo grite: “sí a las balas”; mientras reían, les dije: “estoy escogiendo vivir, opérenme como si estuviera vivo, no muerto”.
Pepe vivió por la maestría de los médicos, pero sobre todo por su asombrosa actitud, aprendió que cada día tenemos la elección de vivir plenamente. La actitud al final, lo es todo.
Al final la decisión de:
          Cómo eres
          Cómo te ves
          Cómo te sientes
          Cómo vives
¡ES TUYA!
Sólo se frustran aquellos, que dejan de ver la parte positiva de sus resultados y de la vida.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Había una vez, hace cientos de años, en una ciudad de Oriente, un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
La ciudad era muy oscura en las noches sin luna como aquella.
En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Guno, el ciego del pueblo. Entonces, le dice: – ¿Qué haces Guno, tú ciego, con una lámpara en la mano? Si tú no ves…
Entonces, el ciego le responde:
Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Yo conozco la oscuridad de las calles de memoria. Llevo la luz
para que otros encuentren su camino cuando me vean a mí…
No solo es importante la luz que me sirve a mí, sino también la que yo uso para que otros puedan también servirse de ella.
Cada uno de nosotros puede alumbrar el camino para uno y para que sea visto por otros, aunque uno aparentemente no lo necesite.
Alumbrar el camino de los otros no es tarea fácil…Muchas veces en vez de alumbrar oscurecemos mucho más el camino de los demás… ¿Cómo? A través del desaliento, la crítica, el egoísmo, el desamor, el odio, el resentimiento…
¡Qué hermoso sería sí todos ilumináramos los caminos de los demás!
 «Si no sabes qué regalar a tus seres queridos en Navidad…regálales tu amor.
Tal vez el mejor adorno de Navidad sea una gran sonrisa».
«Que nunca te falte un sueño por el que luchar, un proyecto que realizar, algo que aprender, un lugar a donde ir, y alguien a quien querer«.
Estas frases son una cajita de paz llena de alegría, envuelta con cariño, sellada con una sonrisa y enviadas con un beso.
FELICES FIESTAS
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

El Dr. Cormillo T comentaba:
“Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. También están las que no lo tienen y las que lo tenían y lo perdieron. Generalmente, las dos últimas son las que vienen a mi consulta para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores. Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas”.
Antes de contarme esto ya habían visitado otras consultas en las que recibieron un diagnóstico seguro: «Depresión», y la infaltable receta del antidepresivo de moda. Si yo he llegado a conocer a éstas personas es porque no mejoraron y vinieron a verme buscando soluciones a su rosario de dolencias. Después de escucharlas atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, es un amante. Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: «¿Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica?» Y también están las que se despiden escandalizadas y no vuelven nunca más. A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición:
«Amante es lo que nos apasiona. Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos, y es también quien a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido. A veces, a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby… En fin, es «alguien» o «algo» que nos pone de «novio con la vida» y nos aparta del triste destino de durar.
¿Y qué es durar? Durar es tener miedo de vivir. Es dedicarse a espiar cómo viven los demás, es tomarse la tensión constantemente, deambular por consultorios médicos, tomar pastillas multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana. Termino este relato con una sugerencia, en realidad, es una súplica: «Por favor, no se empeñen en durar, búsquense un amante, sean ustedes también un amante y un protagonista…. de la vida«.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Había una vez un hombre que estaba haciendo una gira turística por Europa. Al llegar al Reino Unido, compró una guía de los castillos de las islas. El más llamativo era el que se presentaba como “la visita de tu vida”. Intrigado por la propuesta, el hombre llamó desde su hotel esa misma tarde y acordó un horario de visita. El turista llegó al castillo diez minutos más tarde de la hora pactada. Se presentó ante un hombre con falda de cuadros que lo esperaba y que le dio la bienvenida. Le explicó un poco de la historia del castillo y le mencionó algunas cosas sobre las que debía prestar especial atención durante la visita. Dicho esto, le dio una cuchara y le pidió que la sostuviera.
   –   Nosotros no cobramos un derecho de visita. Cada visitante lleva una cuchara como ésta llena hasta el borde de arena fina. Aquí  caben exactamente 100 gramos. Después de recorrer el castillo pesamos la arena que ha quedado en la cuchara y le cobramos una libra por cada gramo que haya perdido….-explicó.
   –   ¿Y si no pierdo ni un gramo?
   –   Ah, mi querido señor, entonces su visita al castillo será gratuita.
Entre divertido y sorprendido, el hombre comenzó su viaje. Confiando en su pulso, subió las escaleras muy despacio y con la vista fija en la cuchara. Prefirió no entrar a la sala de armaduras porque le pareció que el viento haría volar la arena. Al pasar junto al salón que exhibía las máquinas de guerra, debajo de la escalera, se dio cuenta de que para verlas con detenimiento era necesario inclinarse forzadamente sosteniéndose de la barandilla, lo que implicaba la certeza de derramar algo del contenido de su cuchara, así que las miró desde lejos. Otro tanto le pasó con la escalera que conducía a las mazmorras. Por el pasillo de regreso al punto de partida, caminó contento hacia el hombre de la falda escocesa, que lo aguardaba con una balanza. Vació el contenido de su cuchara y esperó el dictamen.
          Asombroso, ha perdido menos de medio gramo: lo felicito, esta visita le ha salido gratis. ¿Ha disfrutado de la visita?
El turista dudó pero decidió ser sincero.
          La verdad es que no mucho. Estaba tan ocupado tratando de cuidar de la arena que no tuve oportunidad de mirar el castillo.
          ¡Qué barbaridad! Mire, haré una excepción. Le voy a llenar otra vez la cuchara pero ahora olvídese de cuánto derrama, faltan doce minutos para que llegue el próximo visitante. Vaya y regrese antes de que él llegue.
El hombre  tomó la cuchara y corrió hacia el altillo: al llegar allí dio una mirada rápida a los que había y bajo más que corriendo a las mazmorras llenando las escaleras de arena. Al inclinarse para pasar un pasaje se le cayó la cuchara y derramó todo el contenido. Corrió hasta el hombre de la entrada, a quien le entregó la cuchara vacía.
          Bueno, esta vez sin arena, pero no se preocupe, tenemos un trato ¿Disfrutó la visita?
Otra vez el visitante dudó unos segundos.
          La verdad es que no- contestó al fin-. Estuve tan ocupado en llegar antes que el otro, que perdí toda la arena y no disfruté nada.
El hombre de la falda le dijo:
          Hay quienes recorren el castillo de su vida tratando de que no les cuesta nada, y no lo pueden disfrutar. Hay otros tan apresurados en llegar pronto, que lo pierden todo sin disfrutarlo. Unos pocos aprenden esta lección y se toman su tiempo para cada recorrido. Descubren y disfrutan cada rincón, cada paso. Saben que no será gratuito, pero entienden que los costes de vivir valen la pena.
Reflexión:
Estamos tan acostumbrados a pasar por alto los pequeños detalles, los goces cotidianos, que nos cuesta apreciar la vida en su plenitud. Pero todos podemos recuperar esa pasión: sólo hay que aprender a mirar de otra manera.
La vida no es más que una sucesión ininterrumpida de momentos, situaciones que se dan ahora, aquí, en el presente. Pero la mayoría de nuestros momentos son, en realidad, pequeños y cotidianos: levantarse por la mañana, ir al trabajo, comer, beber, abrigarnos cuando hace frío, hablar con nuestros hermanos, quedar con los amigos…
Para muchos de nosotros, esos días cargados de pequeños momentos, de detalles cotidianos, pasan sin darnos cuenta.
Frente a la amenaza de perder las pequeñas cosas, quienes conocen la provisionalidad de la vida convierten los hechos cotidianos en acontecimientos extraordinarios. Y gracias a esta experiencia, muchas de esas personas aprenden a disfrutar de las cosas cotidianas en toda su plenitud. Una vez recuperados, su vida cambia para siempre. Se levantan por la mañana, abren las ventanas y empiezan su día maravillándose por el único hecho de estar vivos.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

Con el tiempo…te das cuenta que casarse solo porque «ya me urge» es una clara advertencia de que tu matrimonio será un fracaso.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabaras no deseando volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes…
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados al cuadrado.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo…. ante una tumba…, ya no tiene ningún sentido…
Pero desafortunadamente….SOLO CON EL TIEMPO….

Reflexión:

Mientras estés vivo, siéntete vivo, no vivas de fotos amarillas, sigue aunque todos esperen que abandones. Haz que en vez de lástima, te tengan respeto. Cuando por los años o por una enfermedad no puedas correr, trota. Cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa el bastón. Pero nunca te detengas.  
«EL HOMBRE SE HACE VIEJO MUY PRONTO Y SABIO MUY TARDE» JUSTAMENTE CUANDO YA NO HAY TIEMPO…..
Montse Parejo 
    Psico-Oncóloga
Caminaba yo en mi paseo por una calle ligeramente en cuesta, bien adoquinada con sólido pavimento firme en su suelo aunque irregular en la pisada.
Bajando en dirección opuesta a mí, venía una mamá con su bebé en el coche de niños que daba tumbos sobre los adoquines, con lo que el bebé lloraba a gritos y su mamá se quejaba en su nombre: «Los adoquines son malos y le sacuden a mi niño. ¡Malos, malos! Ya verás cómo los castigamos cuando nos escapemos de ellos». Y empujaba el cochecito dando traspiés con su mal humor y sus brazos rígidos. El niño seguía llorando.
Seguí andando, y otra mamá con otro bebé en su coche bajaba por la misma cuesta dando los mismos tumbos sobre el mismo irregular pavimento. Pero la mamá le cantaba al niño con alegre ritmo, y el bebé iba pegando saltos en el cochecito, riendo y cantando a tono con los tumbos: «Bumpati bum, bumpati bum…», y su mamá reía con él y los dos disfrutaban.
Pensé para mis adentros. Los adoquines son los mismos, y un bebé llora y el otro canta al pasar por ellos.
Las cosas son las mismas, y unos las toman bien y otros mal. Una mamá canta, y la otra protesta. ES LO QUE HACEMOS EN LA VIDA.

Reflexión:

Tal como dice Antoine de Saint-Exupéry, el autor de “El principito”, “El hombre solamente se descubre a sí mismo cuando se mide contra un obstáculo”.
Nuestra naturaleza como seres humanos hace que solo nos movamos cuando es necesario. Mientras todo va bien, disfrutamos de la tranquilidad de nuestras vidas. Pero no debemos olvidar que estos periodos son de descanso. Ya que cuando, indefectiblemente, aparece una crisis, debemos movernos, avanzar y aprender. La lección está ahí; es nuestra oportunidad para hacer uso de ella.
Así, cuando aprovechamos la crisis para reflexionar, hacemos como el viejo burro al que intentaron enterrar vivo en un pozo. Según cuenta un antiguo relato hebreo, un día el burro de un campesino se cayó en un pozo, al no poderlo sacar, intentaron enterrarlo; el animal, en lugar de permitir que las paladas de tierra lo sepultaran poco a poco, se movía de tal forma que la tierra que le tiraban se iba depositando bajo sus patas. Al final, el nivel del suelo había subido tanto que había cubierto el pozo, por lo que el burro pudo salir de un brinco, feliz y resuelto.

¿Qué hubiera sido del animal si, en vez de afrontar el problema, hubiera permanecido inmóvil sintiéndose maltratado injustamente?

Cuando estamos en el interior del pozo, pensamos que nunca volveremos a ver la luz. Pero la luz siempre está fuera, esperándonos. La vida va a echarte tierra, todo tipo de tierra…El truco para salirse del pozo es sacudírtela y dar un paso hacia arriba. Cada uno de nuestros problemas es un escalón hacia arriba. Si buscamos, siempre encontraremos la manera de salir adelante.
Es muy importante recordar que:
“No es posible asegurar el futuro. Sólo es posible perder el presente”.
Aunque suene a conocido, es verdad que nada dura eternamente en esta vida, ni lo bueno ni lo malo. La vida no se detiene, y las crisis abruptas nos lo demuestran, pues, ante nosotros, aparecen nuevas opciones. Siempre que acaba un cuento, puede empezar otro. Nadie nos garantizará que el siguiente será mejor que el anterior, pero seguro que será diferente, nos enseñará cosas nuevas y nos permitirá experimentar vivencias distintas. Además, y sin lugar a dudas, nos habremos hecho personas más sabias. Por eso “no importa lo que nos suceda sino como reaccionemos”.
“Todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada”.
“La vida no será la fiesta que todos deseamos, pero mientras estemos aquí, debemos bailar”.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Me gustaría compartir con ustedes este hermoso relato de Jorge Bucay que suelo usar para hablar de la esperanza, y el relato dice así:
Ésta es la historia de un sastre, un zar y un oso. Un día, el zar descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído. El zar era caprichoso, autoritario y cruel. Así que, furioso por la ausencia del botón, mandó a buscar al sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado. Nadie contradecía al emperador de todas las Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del sastre y, arrancándolo de entre los brazos de su familia, lo llevó a la mazmorra para que esperara allí su muerte. Al atardecer, cuando el carcelero le llevó la última cena, el sastre meneó la cabeza y musitó: “Pobre zar”.
          ¿Pobre zar? Pobre de ti- dijo el guardia.
          Tú no me entiendes- dijo el sastre- ¿Qué es lo más importante para nuestro zar?
          ¿Lo más importante? No lo sé. Su pueblo.
          Digo algo realmente importante para él.
          ¡Ya lo sé! ¡Su oso!
          Eso. Su oso. Mañana, cuando el verdugo termine conmigo, el zar perderá su única oportunidad de conseguir que su oso hable.
          ¿Tú eres entrenador de osos?
          Un viejo secreto familiar…..-dijo el sastre.
Deseoso de ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su descubrimiento. ¡El sastre sabía enseñar a hablar a los osos! El zar estaba encantado. Mandó a buscar inmediatamente al sastre y, cuando lo tuvo frente a sí, le ordenó:
          ¡Enséñale a mi oso nuestro lenguaje!
          Me encantaría complacerle, ilustrísima- contestó es sastre bajando la cabeza-, pero enseñar a hablar a un oso es una tarea ardua y lleva tiempo….Lamentablemente, tiempo es lo que menos tengo.
          ¿Cuánto tiempo llevará el aprendizaje?
          Depende de la inteligencia del oso.
          ¡El oso es muy inteligente!- interrumpió el zar-. De hecho, es el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
          Bien. Si el oso es inteligente….y siente deseos de aprender….yo creo que el aprendizaje duraría…..no menos de ……¡dos años!
El zar pensó un momento.
          Bien. Tu pena será suspendida durante dos años mientras entrenes al oso. ¡Mañana empezarás!- ordenó.
          Alteza- dijo el sastre-. Si me conmuta la pena, yo no tendré tiempo para dedicarme a su oso. Deberé trabajar de sastre para mantener a mi familia.
          Eso no es problema- dijo el zar-. A partir de hoy, y durante dos años, tú y tu familia estaréis bajo protección real. Seréis vestidos, alimentados y educados con el dinero del zar. Pero eso sí: si dentro de dos años el oso no habla, te arrepentirás de haber pensado esta propuesta…… Entiendes, ¿verdad?
          Si, alteza.
          ¡Guardias!- grito el zar-. Que lleven al sastre a su casa en el carruaje de la corte. Dadle dos bolsas de oro, comida y regalos.
Cuando todos en casa lloraban por la pérdida del padre de familia, el sastre apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con regalos para todos.
La esposa del sastre no cabía en sí de su asombro. Su marido volvía exitoso, acaudalado y exultante. Cuando estuvieron solos, el hombre le contó los hechos.
          ¡Estás loco!- gritó la mujer-. ¡Enseñar a hablar al oso del zar! Tú, que ni siquiera has visto un oso de cerca. Estás loco.
          Calma, mujer, calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana, y ahora tengo dos años. En dos años pueden pasar tantas cosas….En dos años, se puede morir el zar….Me puedo morir yo…..Y lo más importante: ¡a lo mejor el oso habla!
 Jorge Bucay
Reflexión:

La Esperanza es la que sositene y da fortaleza al pensar que se puede estar mejor y se puede promover el deseo de que todo este dolor tenga algún sentido, además permite poder sentir que la vida aún espera algo importante y trascendente de cada uno de nosotros. Buscar y encontrar una misión que cumplir es un gran estímulo que alimenta la esperanza.
No debemos olvidar que nadie conoce el porvenir ni puede adivinar el futuro y por ello nunca sabemos a ciencia cierta adónde conducen los caminos que elegimos. Nos guste o no, vivimos en la incertidumbre, nada es certero. Olvidamos esta verdad a menudo, pues nos pone bastante nerviosos darnos cuenta de que no tenemos el control.
Si nos centramos en qué es lo que sucederá, que será lo mejor, nos quedaremos paralizados, mientras nuestras opciones irán, disminuyendo. Si no toleramos la incertidumbre, la libertad se convierte en una prisión.
Lo que importa no es que tengamos problemas, sino cómo los afrontamos cuando se presentan esos retos inesperados y no deseados.
Por eso, vive todo lo que puedas; no hacerlo es una equivocación, es muy raro que te lamentes o arrepientas por algo que has hecho. Es lo que no has hecho lo que te atormentará. O sea, que el mensaje es muy claro. ¡Hazlo! ¡Haz cosas! Valora el momento presente. Aférrate a cada momento de tu vida y saboréalo.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

Un maestro de construcción ya entrado en años estaba listo para retirarse a disfrutar su pensión de jubilación. Le contó a su jefe acerca de sus planes de dejar el trabajo para llevar una vida más placentera con su esposa y su familia. Iba a extrañar su salario mensual, pero necesitaba retirarse; ya se las arreglarían de alguna manera.
El jefe se dio cuenta de que era inevitable que su buen empleado dejara la compañía y le pidió, como favor personal, que hiciera el último esfuerzo: construir una casa más. El hombre accedió y comenzó su trabajo, pero se veía a las claras que no estaba poniendo el corazón en lo que hacía. Utilizaba materiales de inferior calidad, y su trabajo, lo mismo que el de sus ayudantes, era deficiente. Era una infortunada manera de poner punto final a su carrera.
Cuando el albañil terminó el trabajo, el jefe fue a inspeccionar la casa y le extendió las llaves de la puerta principal. – «Esta es tu casa, querido amigo -dijo-. Es un regalo para ti».
Si el albañil hubiera sabido que estaba construyendo su propia casa, seguramente la hubiera hecho totalmente diferente. ¡Ahora tendría que vivir en la casa imperfecta que había construido!

Reflexión:

Construimos nuestras vidas de manera distraída, reaccionando cuando deberíamos actuar, y sin poner en esa actuación lo mejor de nosotros. Muchas veces, ni siquiera hacemos nuestro mejor esfuerzo en el trabajo. Entonces de repente vemos la situación que hemos creado y descubrimos que estamos viviendo en la casa que hemos construido. Si lo hubiéramos sabido antes, la habríamos hecho diferente.
La conclusión es que debemos pensar como si estuviésemos construyendo nuestra casa. Cada día clavamos un clavo, levantamos una pared o edificamos un techo. Construir con sabiduría es la única regla que podemos reforzar en nuestra existencia. Inclusive si la vivimos sólo por un día, ese día merece ser vivido con gracia y dignidad.
La vida es como un proyecto de hágalo-usted-mismo. Su vida, ahora, es el resultado de sus actitudes y elecciones del pasado. ¡Su vida de mañana será el resultado de sus actitudes y elecciones de hoy!
Es imposible atravesar la vida…sin que un trabajo salga mal hecho.
Sin que una amistad cause decepción. Sin padecer algún quebranto de salud. Sin que nadie de la familia fallezca. Sin que un amor nos abandone. Sin equivocarse en un negocio. Ese es el COSTO DE VIVIR.

Sin embargo, lo importante no es lo que Suceda, sino como reaccionamos ante la Situación.

Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Cuántas veces en la vida quieres y necesitas cambiar en algunos aspectos tuyos y no accionas nada, quedándote cavilando, analizando, evaluando, una y mil veces, sin hacer lo que tienes que hacer. ¿Por qué?
En primera instancia porque necesitas “tener la seguridad” de que todo va a salir bien o como lo habías programado, y no quieres correr riesgos, vas en busca de la seguridad sobre todo, y como seguro no hay nada, salvo la propia vida, y esto es relativo, evitas hacer lo que quieres hacer. Y por supuesto, te informo que la emoción que paraliza cualquier cambio es el MIEDO.
De todas las emociones que amargan a las personas – y son muchas-, la gran familia que forman la angustia, la timidez, la inquietud, el terror, la vulnerabilidad…., es la que más me ha preocupado, y la experiencia me dice que no es una rareza mía. Hobbes el gran filósofo inglés, escribió una frase terrible, que podríamos asumir todos: “El día que yo nací, mi madre parió dos gemelos: yo y mi miedo”.
Sabemos que la mayor parte de los miedos se aprenden. Y también pueden desaprenderse. El miedo es la emoción provocada por la presencia de un peligro y nos sirve para ponernos a salvo. Se convierte en un problema cuando lo sentimos aunque no haya peligro real o cuando dura demasiado tiempo o es muy intenso. A veces nos atenaza un miedo sin que haya una amenaza real. Es una ansiedad que no sabemos explicar, que nos “encoge el estómago”, la angustia. Quién la sufre se siente asustado continuamente, como si esperara un mal que no sabe precisar. Junto con la depresión- con la que está estrechamente relacionada-, es el malestar que lleva a más gente a las consultas médicas o psicológicas. Ambas son experiencias demoledoras.
La metáfora del león que tenía sed nos puede ayudar a valorar la importancia de la experiencia para superar nuestros temores.
En una ocasión, un león se aproximó hasta un lago de aguas espejadas y cristalinas para calmar su sed. Al acercarse a las mismas vio su rostro reflejado en ellas y pensó:” ¡Vaya, este lago debe ser de este león. Tengo que tener mucho cuidado con él!” Atemorizado se retiró de las aguas, pero tenía tanta sed que regresó a las mismas. Allí estaba otra vez “el león”. ¿Qué hacer? La sed lo devoraba y no había otro lago cercano. Retrocedió, volvió a intentarlo y, al ver al “león”, abrió las fauces amenazadoras pero, al comprobar que el otro “león” hacía lo mismo, sintió terror. Salió corriendo, pero ¡era tanta la sed! Varias veces lo intentó de nuevo y siempre huía espantado. Pero como la sed era cada vez más intensa, tomó finalmente la decisión de beber el agua del lago sucediera lo que sucediera. Así lo hizo. Y, al meter la cabeza en las aguas, ¡el león desapareció!”
Reflexión:
Si el león no hubiera tomado esta decisión seguiría con su miedo e, incluso, se hubiera acrecentado y le hubiera creado un grave problema: hubiera muerto de sed. Lo que hizo que el miedo desapareciera fue exponerse a aquello que temía y lo hizo porque beber era importante para él. Cuando nos exponemos descubrimos a menudo “que no era para tanto”.
Hay personas que pueden decir que nunca han sentido o experimentado la envidia, celos o agresividad, pero no hay nadie que pueda decir que no ha sentido miedo. La especie humana es la más miedosa de la naturaleza, porque a los miedos reales añade los miedos imaginarios, lo que produce muchas desdichas que podrían evitarse. Desactivar estos miedos creados es primordial si queremos vivir una vida feliz y digna.
Porque la verdad, es que cuando nos quedamos en la queja y el dolor, sin ponernos en funcionamiento para intentar obtener un nuevo resultado  o estado, es como escudarse en los “no puedo”, cuando en realidad si puedes, lo que sucede es que tienes miedo y por ese miedo más de una vez injustificado, no accionas lo que necesitas, es como quedarte con los “noes” de la vida, en vez de buscar los “sies” que te rodean.
Es importante que entiendas que el miedo es una emoción como cualquier otra, sólo que le otorgas una dimensión y un significado, en donde pasa a tener todo el poder sobre cualquier cosa novedosa que quieras realizar hoy. En la medida que aceptes que el miedo es parte del camino que tienes que recorrer para tu crecimiento y mejora, es la posibilidad que te brindas a ti mismo de modificar y cambiar aspectos que hasta hoy impidieron que fueras feliz.
Te propongo aceptar el juego y el desafío de aprender, tengas la edad que tengas, peor no vas a estar y corriendo y atravesando miedos es mejor que quedarse paralizada/o, y como última idea, SI NO ES AHORA, CUÁNDO……
Montse Parejo
Psico-Oncóloga