Nos pasamos la vida buscando. 
Buscamos hacer lo correcto, buscamos dinero, buscamos amor, buscamos felicidad, siempre buscamos, continuamente estamos pensando en cómo llegar a conseguir lo que queremos.
Muchas decepciones por el camino hacen que muchas personas decidan dejar de buscar, vivir con lo que no les gusta, algunas bajo la maravillosa palabra de la aceptación, en la mayoría de los casos mal entendida.
Aceptar no es dejar de desear, no olvidarse que se quiere lo mejor para uno mismo. Aceptar solo es dejar que las cosas fluyan, aunque no nos gusten, pero no significa inmovilización.
La inmovilización que sufrimos muchos en muchos apartados de nuestra vida viene debido a que buscamos las respuestas a todas nuestras dudas en el exterior, que alguien (una persona o las creencias de la sociedad) nos digan que es lo que tenemos que hacer, incluso que buscar, porque en definitiva, lo que todos buscamos es la felicidad, aunque muchos nos equivoquemos en la vía por donde llegar a ella.
Este pedacito del libro «La princesa que creía  en los cuentos de hadas» creo que puede ilustrar algo al respecto: 
Paseando por el estanque, la pareja vio a un hombre inmóvil con un sombrero blanco de pescador sentado en un leño.
-¿Qué le pasa?, – preguntó la princesa.
-No lo sé muy bien. Empezó así un día que no fue capaz de decidir que caña de pescar debía usar. Le preguntaba a todo el que pasaba, pero unos le decían que empleara una y otros la otra. Después, tampoco supo si debía ponerle cebo fresco o no, ni en qué lado del estanque tenía que sentarse. Pidió la opinión de los demás, pero, en efecto, unos se inclinaron por un cebo y otros por el otro. 
Algunos le aconsejaron que se sentara aquí, otros allá y los demás no supieron que contestar o les daba igual, o las dos cosas. Empezó a ponerse nervioso y a dar vueltas de un lado a otro.
Entonces, les preguntó a los que pasaban si había peces en el agua… aunque ya sabrás que ésta es la tierra de la ilusión y nada es lo que parece. Así unos le dijeron que si, otros que no y al final dejó de preguntar. Lo siguiente que sabemos es que se desplomó en ese tronco y nadie le ha visto moverse desde entonces. Me imagino que la única decisión que tomó fue la de no hacer nada más en su vida.
-¿Le ha preguntado alguien por qué creía que todo el mundo sabía mejor que él lo que tenía que hacer?, – preguntó la princesa al tiempo que se le refrescaba la memoria.
-Sí, le preguntamos por qué tenía tantos problemas para decidirse y nos contestó que siempre tenía miedo de equivocarse en la elección.
-¿Y qué más daba si hubiera sido así? – preguntó la princesa sintiendo pena por el hombre-, ¿se habría acabado el mundo si hubiera elegido la caña negra en vez de la marrón o si hubiera decidido emplear un cebo en lugar del otro aunque hubiera visto más tarde que no era el correcto?
En ese momento recordó la veces en las que ella, le había ordenado a un criado que fuera a caballo a entregarle una nota a la reina pidiéndole su opinión sobre lo que debía hacer con esto o con aquello. Luego, le vino a la mente el pergamino con los pros y los contras, y volvió a sentir un malestar bastante familiar. Se dio cuenta de sus nervios a la hora de tomar una decisión por miedo a cometer un error.
-Parece más una estatua que un hombre, dijo la princesa. En ese momento pasaron por su mente muchos recuerdos sobre la confusión, la miseria y la desesperación que tanto le habían dominado los días que se quedó en la cama, negándose a salir de ella.
-Hay mucha gente por aquí que no vive mejor que él. En realidad, no se sabe quienes son ni lo que hacen, van saliendo del paso día tras día, preocupándose por esto o por aquello, haciendo un sinfín de locuras e intentando darle sentido a todo…»
Reflexión:
Pero no está todo perdido, si conseguimos buscar dentro de nosotros en lugar de fuera, si conseguimos creer que dentro de nosotros tenemos una sabiduría increíble y que un error no es un error sino un aprendizaje, tenemos un amplio mundo por donde movernos, explorar y sobre todo vivir.
Esta inteligencia está dentro de nosotros, no está en nuestra mente, nuestra mente se basa en lo que otros nos han enseñado, y al fin y al cabo estaríamos haciendo lo mismo. Saber que es lo que necesitamos y cual es el camino adecuado para llegar a ello está sólo dentro de cada uno.
Tú tienes tus propias respuestas, tú tienes tu camino, busca dentro de ti.
Montse Parejo. 
Psico-Oncóloga. 
Un niño y su padre caminaban entre las montañas. De repente, el hijo tropezó y cayó al suelo gritando Aaaahhhh!
Para su sorpresa, oyó una voz a lo lejos que gritaba como él.
Con curiosidad el niño preguntó: ¿Quién está ahí?
¿Quién está ahíii…? Le respondieron.
Molesto con la respuesta, el niño gritó: ¡Cobarde! Pero le respondieron de la misma manera: ¡Cobardeeee…!
El niño desconcertado le preguntó a su padre: – ¿Qué sucede papá?
El padre, sonriendo le dijo: Hijo mío, presta atención.
Se levantó y dirigiéndose a la montaña, gritó: ¡Te admiro!
La voz respondió: ¡Te admirooo…!
Volvió a gritar: ¡Eres un campeón!
Y la voz le respondió: ¡Eres un campeón…!
El niño estaba asombrado y no entendía.
Se llama Eco, le explicó el padre, aunque en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones. Si deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. Si quieres recibir una sonrisa, sonríe a los que conoces.

Reflexión:
Esta relación se aplica a todos los aspectos de la vida. La vida te dará de regreso, exactamente aquello que tú le has dado. Tu vida no es una coincidencia, es un reflejo tuyo.
Alguien dijo: «Si no te gusta lo que recibes de vuelta, revisa muy bien lo que estás dando…»
Podemos seguir queriendo ver las circunstancias de la vida como algo externo a nosotros o por ende, podemos plantearnos que todo aquello que nos sucede de alguna forma depende de mí y si depende de mi, esto nos lleva a convertirnos en responsables de nuestros actos, de nuestras palabras y de toda nuestra vida y nos salimos de ese tremendo error que es el victimismo.
Que importante sería aprender a vivir la vida de instante a instante, esto es lo que nos haría darnos cuenta de quienes somos, viviendo en lo único que realmente existe en el “Aquí y ahora”.
La vida es una excelente manera de utilizar el poder de elegir. Y nuestras elecciones determinan cada instante presente.
Vivimos la vida pasándola, no la vivimos, tratamos continuamente de que las cosas pasen lo antes posible en todos los sentidos. Si es algo negativo, que pase lo antes posible, si es algo que yo considero positivo, que venga lo antes posible. No somos conscientes de que estamos vivos, que somos una forma de vida y que lo único que esto implica es que cada uno de nosotros sea consciente de uno mismo.
Todos deseamos encontrar la felicidad. Si la felicidad existiese y yo la voy a sentir en algún momento, estarán de acuerdo conmigo, está va a tener que ocurrir en mi vida. La pregunta es ¿en que momento voy a experimentar esa felicidad? Y la respuesta es, en el único instante en el que soy consciente, es decir, en este momento. Vivimos en el único instante en el que podemos ser felices, estamos todo el tiempo experimentando nuestra vida, en el único instante donde nuestra vida tiene lugar, en el “Aquí y ahora”.
Ama con locura, despierta con ganas, sonríe sin motivos, abraza con esperanzas y vive cada día como si fuera el último de tu vida”.
La vida siempre te ofrece otra oportunidad. Se llama “HOY”.

Montse Parejo. 
Psico-Oncóloga.
¿Qué opinión tenemos de los demás? ¿Nos importa lo que otros puedan llegar a pensar de nosotros? Y lo más importante: ¿Qué opinión tienes de ti mismo?
Si quieres ser feliz, ¡no escuches todo lo que dicen, no creas todo lo que te cuentan, no digas todo lo que sabes!”; seria bueno aplicar la filosofía del protagonista de esta historia.
El joven discípulo de un filósofo sabio llega a casa y le dice a éste:
  • Maestro, un amigo estuvo hablando de ti con malevolencia…
  • ¡Espera!- le interrumpe el filósofo-. ¿Hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?
  • ¿Las tres rejas?- preguntó el discípulo.
  • Sí. La primera es la verdad. ¿Estás seguro de que lo que quieres decirme es absolutamente cierto?
  • No. lo oí comentar a unos vecinos.
  • Al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja, que es la bondad. Eso que deseas decirme ¿es bueno para alguien?
  • No, en realidad, no. al contrario.
  • ¡Ah, vaya! La última reja es la necesidad. ¿Es necesario hacerme saber eso que tanto te inquieta?
  • A decir verdad, no.
  • Entonces- dijo el sabio sonriendo-, si no es verdad, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido.
Reflexión:
Cualquier comentario o crítica se pueden llegar a convertir en verdaderas sentencias hacia alguien o hacia nosotros mismos.
Si todo el mundo aplicásemos el uso de las tres rejas en nuestra relación con los demás, en mi opinión personal, creo que nos iría bastante mejor.
Sería importante también ser más benévolos con nosotros mismos, ya que el peor enemigo que podemos llegar a tener, estarán de acuerdo conmigo, puede ser uno mismo. Tenemos muchas ideas y sobre todo “creencias” irracionales que desgraciadamente no solemos cuestionarnos y nos las creemos a pie juntillas. Creencias del tipo, “no valgo”, o que “no puedes”, o nuestros miedos a la “soledad” ya que lo interpretamos como en el caso de sentirnos solos, a que la gente me abandona, me quedo solo, si nadie y me muero de la pena.
Estos son miedos irracionales de los que no somos conscientes pero pueden llegar a ser muy dañinos para nuestra salud.
Es importante entender como nuestras “creencias” determinan nuestras vidas. La mente no para nunca y casi siempre esta pensando en lo mismo “no sirvo para esto, no sirvo para lo otro, todo lo malo me ocurre a mí” y así terminamos todos desgraciados e infelices.
Creemos que solo somos responsables de lo que hacemos y no de lo que pensamos. La verdad es que somos responsables de lo que pensamos porque es solamente en este nivel donde podemos ejercer el poder de decisión. Pero afortunadamente las creencias se pueden cambiar; de hecho todos lo hemos conseguido en alguna ocasión. No olvides, “Tal como pienses, así vivirás”.
El mayor poder que tenemos en esta vida es el poder “Elegir”.
Debemos renunciar a los “Debo” o “Tengo” ya que implican una obligación y están basados en una creencia.

El poder más grande que tenemos es, ¡cómo quiero yo ver el mundo!
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

Un hombre edificó su casa. Y la embelleció con un jardín interno. En el centro plantó un roble. Y el roble creció lentamente. Día a día echaba raíces y fortalecía su tallo, para convertirlo en tronco, capaz de resistir los vientos y las tormentas.
Junto a la pared de su casa plantó una hiedra y la hiedra comenzó a levantarse velozmente. Todos los días extendía sus tentáculos llenos de ventosas, y se iba alzando adherida a la pared.
Al cabo de un tiempo la hiedra caminaba sobre los tejados. El roble crecía silenciosa y lentamente.
– ”¿Cómo estás, amigo roble?”, preguntó una mañana la hiedra.
– ”Bien, mi amiga”, contestó el roble.
– “Eso dices porque nunca llegaste hasta esta altura”, agregó la hiedra con mucha ironía. “Desde aquí se ve todo tan distinto. A veces me da pena verte siempre allá en el fondo del patio”.
– “No te burles, amiga», respondió muy humilde el roble. “Recuerda que lo importante no es crecer deprisa, sino con firmeza”.
Entonces la hiedra lanzó una carcajada burlona.
Y el tiempo siguió su marcha.
El roble creció con su ritmo firme y lento.
Las paredes de la casa envejecieron.
Una fuerte tormenta sacudió con un ciclón la casa y su jardín. Fue una noche terrible.
El roble se aferró con sus raíces para mantenerse erguido. La hiedra se aferró con sus ventosas al viejo muro para no ser derribada. La lucha fue dura y prolongada.
Al amanecer, el dueño de la casa recorrió su jardín, y vio que la hiedra había sido desprendida de la pared, y estaba enredada sobre sí misma, en el suelo, al pie del roble. Y el hombre arrancó la hiedra, y la quemó.
Mientras tanto el roble reflexionaba:
– » Es mejor crecer sobre raíces propias y crear un tronco fuerte, que ganar altura con rapidez, colgados de la seguridad de otros. «


Reflexión:
Nos pasamos media vida o quizás más, oyendo a los demás “cómo debemos ser”. Ser tú mismo, es no depender de la opinión, ni de la mirada, ni de la crítica ajena sino hacer lo que realmente a uno le gusta. La pregunta que yo me hago cada día es “¿Qué puedes hacer hoy por hoy para vivir lo mejor posible el tiempo que vas a vivir?”
Es muy importante ser “coherente” con uno mismo, es decir, que lo que digas, coincida con lo que piensas y con cómo actúas.
Muchas veces nos afanamos en querer complacer o quedar bien con los demás, viviendo única y exclusivamente para ellos pensando que sacrificándonos por el otro, estamos realizando un acto de amor, pero no somos consciente de que este es el acto más egoísta que uno puede realizar. No nos damos cuenta que somos el capitán de nuestro barco y que todas las demás personas que pasen por nuestra vida, serán transitorias. Esto incluye a padres, hijos, amigos, enemigos, maridos, esposas, compañeros, etc. En definitiva, con quien compartes todos los segundos de todos los minutos de todas las horas que tienen todos los días que completan todos los meses de absolutamente todos los años de tú vida, es contigo mismo.
Una cita de Jorge Bucay dice:

Porque nadie puede saber por ti. Nadie puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no admite representantes”.

Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Cierto día, un becerro tuvo que atravesar un bosque virgen para volver a su pradera. El animal abrió un sendero tortuoso, lleno de curvas, subiendo y bajando colinas.
Al día siguiente, un perro que pasaba por allí usó ese mismo sendero para atravesar el bosque. Después fue el turno de un carnero, jefe de un rebaño, que viendo el espacio ya abierto hizo a su rebaño seguir por allí.
Más tarde, los hombres comenzaron a usar ese mismo sendero: entraban y salían, giraban a la derecha y a la izquierda, descendían, se desviaban de los obstáculos, quejándose y maldiciendo, con toda razón. Pero no hacían nada para crear una nueva vía.
Después de tanto uso, el sendero acabó convertido en una amplia carretera donde los pobres animales se cansaban bajo pesadas cargas, obligados a recorrer en tres horas una distancia que podría realizarse en treinta minutos, si no hubieran seguido la vía abierta por el becerro.
Pasaron muchos años y el camino se convirtió en la calle principal de un poblado y, finalmente, en la avenida principal de una ciudad. Todos se quejaban del tránsito, porque el trayecto intrincado era el peor de todos.
Mientras tanto, el viejo y sabio bosque se reía al ver que los hombres tienen esa ciega tendencia rutinaria a seguir la vía que ya está abierta, sin preguntarse si habría acaso una mejor opción o camino. Tal vez hubiesen descubierto otros paisajes más bellos.

Reflexión.
El que las cosas se hayan hecho siempre siguiendo un patrón o de una manera concreta no quiere decir que sea la manera correcta o la mejor de las formas. Los seres humanos somos animales de costumbres dentro de nuestra zona de confort, tenemos una vida rutinaria, nos levantamos a la misma hora, desayunamos lo mismo, vamos al trabajo o al colegio por el mismo camino, hablamos con la misma gente, saludamos de la misma manera, etc. Así estamos cómodos y no nos damos cuenta que hay otras cosas porque no las experimentamos. Tú zona de confort, es el conjunto de hábitos, creencias y acciones y modelos de comportamientos a los que estamos acostumbrados y que, al salirte de la misma te provoca incomodidad, nerviosismo, miedo.

Salir de la zona de confort es importante puesto que nos permite experimentar situaciones nuevas que nos van a permitir desarrollarnos y crecer en los distintos ámbitos de nuestra vida: personal, social, económico, espiritual, etc.
A la mayoría de las personas no les gusta ni siquiera que les hablen de cambiar, les da miedo, salir de lo conocido para enfrentarse a lo desconocido; estas personas se estancan en su vida, vivirán siempre con limitaciones y temores dentro de su zona de confort, y morirán pensando y quejándose que la vida no le dio la oportunidad de ser felices.
Cuando superamos estos límites, ampliamos nuestra perspectiva y logramos alcanzar nuevos horizontes. La zona de confort es un estado mental, aquellos elementos que nos rodean y que consideramos parte de nuestra comodidad, son percibidos de esta manera gracias a nuestras ideas y a nuestra mente. Lo que a ti te parece cómodo, a otros quizás les aterrorice.
Perder el miedo de salir de nuestra zona de confort, empieza desde dentro. Desde nuestro pensamientos, ideas y sentimientos. Los límites los pones tú.
Montse Parejo.
 Psico-Oncóloga.
En una sesión grupal, la psicóloga en un momento dado levantó un vaso de agua.
Cuando todos esperaban oír la pregunta: «¿Está el vaso medio lleno o medio vacío?» , ella en lugar de ésto preguntó:
– ¿Cuánto pesa este vaso?
Las respuestas de los componentes del grupo variaron entre 200 y 250 gramos.
Pero la psicóloga respondió:
El peso absoluto no es importante, sino el percibido, porque dependerá de cuánto tiempo sostengo el vaso: Si lo sostengo durante 1 minuto, no es problema. Si lo sostengo 1 hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo 1 día, mi brazo se entumecerá y paralizará.
El vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve.
Después continuó diciendo:
Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas en ellas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada.
¡Acuérdate de soltar el vaso!

Reflexión:
A veces las preocupaciones se enquistan en nuestros pensamientos y no nos dejan centrarnos en las soluciones,ya que nos lleva hacia lo que no podemos hacer en lugar de enfocarnos hacia lo que sí podemos hacer. Las preocupaciones, no dejan de ser miedos.
Preocuparnos en exceso y anclarnos en pensar en los problemas nos agota, absorbe nuestras energías y nos quita fuerzas para actuar, y para movilizarnos hacia soluciones. Está muy bien ser consciente de los problemas y tener presente las dificultades y los riesgos, pero llenar nuestra cabeza de preocupaciones durante mucho tiempo nos agota emocionalmente. ¿Sabéis soltar el vaso a tiempo?

Montse Parejo. Psico-Oncóloga
Esta es una historia japonesa que nos habla de un samurái, agresivo, fuerte, era un señor de la guerra, por unas conversaciones que había tenido con otros compañeros se había interesado por esas cuestiones del cielo y del infierno ¿qué es el cielo y qué es el infierno? no lo entendía muy bien.
Entonces uno de sus colegas le recomienda que fuera a ver aún ermitaño, a un monje que vivía en la montaña, que se suponía era un tipo muy sabio que le podría explicar esta diferencia entre el cielo y el infierno. Entonces nuestro samurái, encuentra la choza del ermitaño, patea la puerta y entra bruscamente y el monje estaba sentado en el suelo haciendo caligrafía, se para delante del monje y le dice:
 – A ver decirme, cuál es la diferencia entre el cielo y el infierno?
El monje seguía mirando el suelo, haciendo sus dibujos, sin hacerle caso alguno al guerrero.
– No me escuchaste, te estoy preguntando cual es la diferencia entre el cielo y el infierno.
Y el monje suspira y mueve la cabeza de un lado al otro y vuelve a su hacer.
– Estás sordo, contéstame cual es la diferencia?
– Te escuche pero no tiene sentido contestarte porque eres demasiado tonto para comprenderlo. 
– Yo tonto, saca la espada y dice, – Ahora vas a ver quién es el tonto. 
En ese momento, el monje mira hacia arriba, sonríe y dice “eso es el infierno”, en ese momento el samurái, se da cuenta de su vida y de cómo vivía irritado, irrespetuoso.
Y fue como un rayo le partiese la cabeza y en ese momento se dio cuenta de lo que era su vida y se le cae la espada de la mano y se queda horrorizado de que él vivía en el infierno pero inmediatamente siente una oleada de gratitud increíble, porque el monje para darle esa lección había expuesto su vida y él lo iba a matar.
Y una persona a la que ni conocía le había hecho un regalo de sabiduría impresionante y cae de rodilla y le dice: – Gracias, y el monje vuelve a lanzar una sonrisa y le dice: – “Eso es el cielo”.

Reflexión:
El cielo y el infierno no están después de la muerte, el cielo y el infierno es como uno vive.
Tú puedes construir tu vida y vivir en el cielo o puedes construir tu vida y vivir en el infierno.

En mi opinión, la mayoría de la gente hemos construido un infierno, cuando tenemos todo el material para construir nuestra vida en el cielo, pero para construir el cielo sobre la tierra hace falta vivir en LIBERTAD.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga

Un campesino encontró en el campo un huevo de un tamaño tan grande, que nunca había visto antes algo parecido, así que decidió llevárselo a su casa.
-¿Será de avestruz? Preguntó a su familia.
-No, no es demasiado grande, Dijo el abuelo.
-¿Y si lo rompemos?, Propuso el hijo.
-Romperlo sería una lástima, porque entonces nunca sabremos a que ave pertenece, dijo el padre. 
-Así que finalmente decidieron colocarlo debajo de una pava que en ese momento estaba empollando.
Cuenta la historia que a los quince días nació entre los pavitos, el enigmático pichón, al principio nadie pudo reconocer a que variedad de ave pertenecía, lo único que era evidente es que era el más grande entre todos sus compañeros, su plumaje era mucho más oscuro y devoraba la comida que le ponían con mucha avidez.  
Una vez crecido, cuando llegó el tiempo de levantar el vuelo, miro a su madre y le dijo entusiasmado:
-Bueno, ha llegado la hora de volar, ¿me acompañas?
La pava sorprendida por la proposición, le explicó: -Mira, los pavos no vuelan. Tienes que tener cuidado y no comer tan apresurado, porque te sienta mal y después dices tonterías. 
El misterioso pichón, se quedó en silencio un poco confundido.
Pero el pichón cada vez que terminaba de comer, les decía a sus hermanos:
-¡Vamos, vamos a volar! Hasta que uno de los pavitos le explico: 
-Los pavos no volamos, solo podemos caminar, ese es nuestro destino, así lo decidió Dios cuando nos creo.
Haciendo caso a sus hermanos, nuestro misterioso amigo se dedicó todo el tiempo hacer todo lo que los demás hacían, caminar por un corral cercado, comer y dormir.
Pero un día el veterinario del pueblo pasó por la granja y el granjero, aprovechó la situación para pedirle que identificara a la misteriosa ave. En cuanto la vio pudo reconocer de inmediato que se trataba de un cóndor.
 Este ave había nacido para volar hasta los 7000 metros, pero, como nadie volaba… él nunca voló porque escucho más la opinión de su entorno, que lo que él mismo sentía en su interior.

Reflexión:
No atreverse, es perder una oportunidad. Lo que siempre se hizo…no tiene por qué seguir haciéndose.

Cada uno de nosotros puede tener grandes aptitudes, valores y como no, una gran creatividad; quedarse en lo conocido por miedo a lo desconocido, equivale a mantenerse con vida pero no a vivir. No olvides que cuando uno tiene que “morir” nadie lo va a hacer por ti, no permitas que para vivir tú vida, otros te digan como debes de vivirla.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
A los japoneses siempre les ha gustado comer el pescado fresco.
Durante décadas en  las aguas cercanas a Japón, la escasez de peces era notaria. Así, que para alimentar a lapoblación japonesa, los barcos pesqueros fueron fabricados más grandes
para poder ir mar adentro.
Mientras más lejos iban los pescadoresmás era el tiempo que les tomaba regresar a entregarel pescado. Si el viaje tomaba
varios días, el pescado ya no estaba fresco.
Para resolver el problema, las compañías instalaron congeladores en los barcos pesqueros. Así, podían pescar y poner los pescadosen los congeladores.
Sin embargo, los japoneses pudieron percibir la diferencia entre el pescado congelado y el fresco, y no les gustaba el congelado, lo que hacía que lo tuvieran  que vender más barato.
Las compañías instalaron entonces en losbarcos tanques para los peces. Podían así, pescar los peces, meterlos en los tanques
y mantenerlos vivos hasta llegar a la costa.
Pero después de un tiempo los peces dejaban de moverse en el tanque. Estaban aburridos y cansados, aunque vivos.
Los consumidores japoneses también notaron la diferencia del sabor porque cuando los pecesdejan de moverse durante días, pierden el sabor fresco …
  Y ¿cómo resolvieron el problema las compañías japonesas?
 Y ¿cómo consiguieron traer pescado con sabor de pescado fresco?
Si las compañías japonesas te pidieran asesoría, ¿qué les recomendarías?
(Mientras piensas en la solución…. Te invito a que leas lo que sigue):

Tan pronto una persona alcanza sus metas, tales como empezar una nueva empresa, pagar susdeudas, encontrar una pareja maravillosa, o lo que sea, empieza a perder la pasión.
Ya no necesitará esforzarse tanto. Así, que solo se relaja.
Experimentan el mismo problema que las personas que ganan la lotería, o el de quienes heredan mucho dinero y nunca maduran, o de quienes se quedan en casa y se hacen adictos a los medicamentos para la depresión o la ansiedad.
Como el problema de los pescadores japoneses, la solución es sencilla.
Lo dijo L. Ron Hubbard (escritor estadounidense), a principios de los años 50:
“Las personas prosperan mas cuando hay desafíos en su medio ambiente»
Para mantener el sabor fresco de los peces, las compañías pesqueras ponen a los peces dentrode los tanques en los botes… pero ahora ponen también un Tiburón pequeño!
Claro que el tiburón se come algunos peces, pero los demás llegan muy, pero que muy vivos.
¡Los peces son desafiados! Tienen que nadar durante todo el trayecto dentro del tanque, ¡para mantenerse vivos!

Reflexión:
Cuando alcances tus metas proponte otrasmayores. Nunca debes crear el éxito para luego acostarteen él. Así, que, invita un tiburón a tu tanque, y descubre lo lejos que realmente puedes llegar. Unos cuantos tiburones te harán conocer tu potencial para seguir vivo y haciendo lo que mejor haces, de la mejor manera posible!

Esta es la realidad de la vida, nos conformamos con las cosas que nos pasa, nos acomodamos a nuestras maneras de vivir, pero siempre digo que cuando las cosas nos van bien, son momentos de descanso porque irremediablemnte nos pasan cosas, así que mantente alerta, despierto y lo más importante de todo, siéntete vivo, «las persona que tiene un porqué vivir no les importa el cómo».
Montse Parejo
Psico-Oncóloga
Ésta es la historia de un loro muy contradictorio. Desde hacía un buen número de años vivía enjaulado, y su propietario era un anciano al que el animal hacía compañía. Cierto día, el anciano invitó a un amigo a su casa a deleitar un sabroso té de Cachemira.
Los dos hombres pasaron al salón donde, cerca de la ventana y en su jaula, estaba el loro. Se encontraban los dos hombres tomando el té, cuando el loro comenzó a gritar insistente y vehementemente:
-¡Libertad, libertad, libertad!
No cesaba de pedir libertad. Durante todo el tiempo en que estuvo el invitado en la casa, el animal no dejó de reclamar libertad. Hasta tal punto era desgarradora su solicitud, que el invitado se sintió muy apenado y ni siquiera pudo terminar de saborear su taza. Estaba saliendo por la puerta y el loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”.
Pasaron dos días. El invitado no podía dejar de pensar con compasión en el loro. Tanto le atribulaba el estado del animalillo que decidió que era necesario ponerlo en libertad. Tramó un plan. Sabía cuándo dejaba el anciano su casa para ir a efectuar la compra. Iba a aprovechar esa ausencia y a liberar al pobre loro. Un día después, el invitado se apostó cerca de la casa del anciano y, en cuanto lo vio salir, corrió hacia su casa, abrió la puerta con una ganzúa y entró en el salón, donde el loro continuaba gritando: “!Libertad, libertad!” Al invitado se le partía el corazón.
¿Quién no hubiera sentido piedad por el animalito? Presto, se acercó a la jaula y abrió la puertecilla de la misma. Entonces el loro, aterrado, se lanzó al lado opuesto de la jaula y se aferró con su pico y uñas a los barrotes de la jaula, negándose a abandonarla. El loro seguía gritando: “!Libertad, libertad!”
Reflexión:
Como este loro, son muchos los seres humanos que dicen querer madurar y hallar la libertad interior, pero que se han acostumbrado a su jaula interna y no quieren abandonarla.
No podemos olvidar que todos los cambios asustan, es importante que entiendas que el miedo es una emoción como cualquier otra, sólo que le otorgas una dimensión y un significado, en donde pasa a tener todo el poder sobre cualquier cosa novedosa que quieras realizar hoy, todos sabemos que el miedo paraliza. Debemos de aceptar que el miedo forma parte del camino que cada uno de nosotros tiene que recorrer para nuestro crecimiento y mejora, es la posibilidad que nos podemos brindar para modificar y cambiar aspectos que hasta hoy nos impidieron ser felices.

“La felicidad no llega cuando conseguimos lo que deseamos sino cuando sabemos disfrutar con lo que tenemos”. No soñando en el mañana sino sabiendo disfrutar del HOY.
Montse Parejo
Psico-Oncóloga