Buda había estado caminando durante cuarenta años con una luz y miles le habían seguido. Ahora se estaba muriendo. Un día por la mañana dijo:

– «Éste es mi último día. Si tenéis algo que preguntar, preguntad «.

El momento había llegado, ahora seguiría su propio camino. Una infinita oscuridad rodeó a los que allí estaban. Ananda, el principal discípulo de Buda, empezó a llorar como un niño, casi enloquecido. Buda le dijo:

– «¿Qué haces Ananda?»

Éste le dijo: – «¿Qué vamos a hacer ahora? Estabas aquí, seguíamos tu luz. Estábamos a salvo, nos sentíamos seguros y habíamos olvidado por completo que existía la oscuridad. Siguiéndote, todo estaba claro. Cuarenta años y ahora nos dejas en una oscuridad completa. ¡No nos dejes en la oscuridad! ¿Qué sucederá cuando te hayas ido? Estaremos perdidos para siempre».

Y empezó a sollozar y gemir de nuevo.

Buda le dijo: – «Escucha. Durante cuarenta años has caminado con mi luz y no has podido alcanzar tu propia luz. ¿Crees que si vivo durante cuarenta años más alcanzarás tu propia luz? Ni aunque fueran cuatro mil o cuatro millones de años. Cuanto más te acostumbras a caminar con una luz prestada, más imitativo te vuelves, más te pierdes. Es mejor que me vaya».

Las últimas palabras en los labios de Buda fueron «Sé una luz en ti mismo”.
Murió diciendo «Sé una luz en ti mismo».

 Reflexión:

Muchas veces nos sentimos en la más absoluta oscuridad, es como si hubiésemos bajado todas las persianas de nuestra casa, cada resentimiento que guardamos simula una persiana opaca y nos guste o no cargamos muchos resentimientos, el perdón, sería algo así como querer ver las cosas de otra manera, es como si descorriésemos las cortinas y fuese entrando esa luz que tanto ansiamos. Continuamente buscamos la luz a fuera. A veces nos sentimos deslumbrados por otros seres a los que le atribuimos que están llenos de luz, tratamos de seguirlos, los admiramos y no nos damos cuenta de que lo que vemos en ellos no deja de ser lo que somos nosotros, pero eso dista mucho de que nos pueda entrar en nuestra cabeza ya que nos resistimos a creerlo. Una vez escuche, “Lo que ves fuera está dentro y lo que está dentro es fuera”. No puedes ver nada que no exista en ti.

No nos damos cuenta de nuestra valía, de nuestra grandeza, en definitiva, de nuestra luz, somos LUZ.

Sorprendentemente todas las religiones te llevan al mismo sitio, a que mires dentro de ti, pero nos da tanto miedo hacerlo, creemos que dentro de nosotros no hay nada bueno, ¡cuán equivocados estamos! Dentro de nosotros está el Ser en toda su plenitud, no somos conscientes de que nuestros resentimientos, amarguras, miedos, preocupaciones ocultan nuestra luz.

Nos empeñamos en cambiar lo que no se puede cambiar, la mayoría de las veces queremos cambiar a los demás o los resultados que obtenemos y haciendo esto volcamos toda nuestra energía, sintiéndonos que la vida nos maltrata. Si invirtiéramos esta energía en cambiar lo que si podemos cambiar, es decir, a nosotros mismos, nos daríamos cuenta de que la vida nos ama, veríamos que quién no se ha amado nunca, es uno mismo. Nos hemos quedado esperando a que los demás nos den o nos traten o nos tengas en consideración, pero si esto no lo obtengo de los demás, tendré que empezar mínima mente a dármelo yo, como dijo Buda, sé una luz en ti mismo.

Besos y Abrazos

Montse Parejo
Psico-Oncóloga